Mi madre siempre me ha dicho que es mejor caer en gracia que
ser gracioso, y eso es lo que le pasa a Raúl Pérez. Es el niño mimado de Robert
Parker en España, y vino que hace, vino que sube como la espuma. Supongo que
seré yo quien falle en la ecuación, pero hoy en día lo único que nos queda es
el derecho a pataleo. He llegado a leer en un blog que Raúl es el gurú del vino
en este país, ver para creer.
Raúl hace un sinfín de vinos y proyectos comunes con otra
gente. Yo lo he intentado con “casi” todo lo suyo, y a día de no comprendo cómo
pueden valer lo que valen y tener las puntuaciones que tienen. También es
cierto que nunca he sido fanboy de la mencía, pero eso no implica que no sepa
que está bien o mal.
La Vitoriana 2011 me parece un vino de esos que a día de hoy
no han evolucionado. Me recuerda a la época de cuando uno llegaba a un bar, y
el mancebo de turno te preguntaba si querías un Rioja o un Ribera. Demasiada
salinidad y el terruño muy marcado con una dureza extremadamente compleja, para
un vino que se le supone un cierto nivel.
Capa media/alta de lágrima fina. Color picota oscuro con
leves reflejos. En nariz es duro al igual que en boca. Mucha madera y la salinidad
de la tierra muy presente. Tiene una acidez que no consigo domar. El paso es
largo, muy largo. Te pide comer y maridar con algo que se pelee con él. Yo a
estas alturas de mi vida no peleo ni con mi señora, así que como para pelearme
con un vino. La vida es demasiada corta para beber mal vino.
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